LA LIQUIDACION DE LA IZQUIERDA EN ESPAÑA. I

Ayer me desayuné con mi carta de expulsión de IU. Casi simultáneamente, Alberto Garzón escenificaba la rendición incondicional de IU en el altar de Pablo Iglesias, con la correspondiente dosis de humillación incluída. Se cierra un ciclo personal y, más allá del estrambote simbólico, un ciclo de la izquierda española.

Todo empezó en enero de 2014, cuando en lo más crudo de la crisis y de los salvajes recortes del gobierno del PP, todos los sondeos daban una subida en flecha de IU, que oscilaba entre el 16% de unos y el 19% de otros. Con un PSOE en caída libre, desangrándose por el boquete abierto por el 135 de la CE y la capitulación de Zapatero ante la Troika.

Parecía que por fin, a contracorriente, a pesar del ninguneo mediático y con más de tres lustros de retraso, se empezaba  a materializar el “sorpasso” anguitista y que la labor paciente, el trabajo y la lucha de una militancia ejemplarmente abnegada, daba sus frutos. A la sede central de IU llegaban solicitudes de entrevistas con el coordinador de las embajadas de diversos países de la UE y saltaban las alarmas en las salas de máquinas de los poderosos de dentro y de fuera.

Parecía. Pero como profetizó Juan Carlos Monedero el 3 de noviembre de 2013 “cada vez que al PSOE le crujen las costuras surge una Nueva Izquierda”, y efectivamente fue una profecía auto cumplida. Apenas dos meses después, el profeta Monedero, ex PSOE y ex IU, presentaba en Madrid, con su entonces amigo inseparable, Pablo Iglesias, una nueva fuerza política: Podemos.

Nacieron acompañados y tutelados por la mayor campaña mediática que yo haya conocido nunca. Ni siquiera el PSOE de Felipe González, “recreado” en Suresnes por los servicios norteamericanos y por las poderosas fundaciones del SPD, tuvo tal apoyo mediático. Por tierra, mar y aire, pero sobre todo por las televisiones privadas (y sus apéndices virtuales en las redes), que es donde se ganan las guerras posmodernas. Fue tan brutal, que el 25 de mayo, en las europeas, obtuvieron cinco diputados y más del 7% de los votos. Habían pasado cuatro meses desde su nacimiento y algunos supimos, en el mismo colegio electoral, donde cumplíamos nuestra tarea militante, la tormenta de autodestrucción y traiciones que se cernía sobre IU. ¿Verdad que lo hablamos esa misma noche, queridos camaradas Seila y Andrés?

Y el escenario cambió por completo. En lo social, en lo político y en lo ideológico. Un año y medio después del nacimiento de Podemos, es constatable la desactivación del ciclo de luchas que se abrió al final de la era Zapatero. No lo digo yo, vuelvo a citar al ‘profeta’ Monedero, que le espetó a Inda, en un conocido programa de variedades políticas, que la caverna debería reconocer a Podemos haber encauzado la protesta social y la indignación. En lo político, la contradicción capital/trabajo desapareció de la agenda al cuestinarse con inusitada virulencia el eje izquierda/derecha, en favor de un supuesto universal “ciudadanismo” versus “la casta”. Las clases y la lucha de clases eran sustituídas por una suerte de transversalidad superadora de contradicciones antiguas. Además de todo lo anterior, los problemas del pueblo trabajador (la ciudadanía) ya no eran los provocados por el capitalismo en su fase financiera e imperialista y su forma política posfranquista (la restauración borbónica), sino por la corrupción de las “castas políticas”. Se invoca, por los dirigentes de Podemos, una especie de patriotismo plagado de ecos regeneracionistas noventayochistas. Costa redivivo y con coleta (a propósito de Costa y de su reivindicación por José Antonio, un medio digital de la caverna afirmaba que Pablo Iglesias estaba deslumbrado con la obra del fundador de la Falange y “si non e vero e ben trovato”). Un ciclo regenerador e imbuído de patriotismo del bueno, como bálsamo de fierabrás. Falangismo transversal 2.0 para hipsters posmodernos, en suma.

Esta mañana lo primero que he leído, han sido las declaraciones de Iglesias tras su reunión de ayer con Garzón: “Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar”. Declaraciones absolutamente coherentes con su trayectoria del último año y medio. El problema, desde mi punto de vista, es que el plenipotenciario de IU, Alberto Garzón, tampoco quiere la bandera roja…

CONTINUARÁ.

 

 

 

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Tiempos viejos. Tiempos salvajes.

Karl Marx nos enseñó que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. No me voy a apartar un milímetro del descubrimiento del maestro. Menos aún en estos tiempos de confusión planificada desde los aparatos ideológicos del poder, a fin de garantizar su dominio.

Saben bien que desposeernos de las categorías del materialismo histórico, es como desnudarnos y despojarnos de nuestras armas en pleno combate. Lo más asombroso de todo es como sectores cada vez más amplios de las fuerzas ‘hostiles’ al capital aceptan, sumisas, el expolio conceptual, en nombre de una supuesta construcción de hegemonía cultural, desde la asunción del “sentido común” impuesto como visión general de toda la sociedad por las clases dominantes.

Tiempo habrá de analizar detenidamente como hemos llegado a este punto. Este texto no es más que una declaración de intenciones y una reafirmación de la máxima marxiana: en tanto existan las clases sociales existirá la lucha de clases. Y no es con renuncias ideológicas, ni con cesiones estéticas, que devienen en concesiones éticas, como conseguiremos asaltar los cielos.