La historia del Octubre Rojo (I)

I PARTE: ANTECEDENTES HISTÓRICOS. LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA
La segunda mitad del siglo XIX en Rusia

En la segunda mitad del siglo XIX, a la vez que se fortalecía la autocracia zarista, estaban teniendo lugar cambios muy importantes en Rusia.

El régimen zarista, tras la derrota en la guerra de Crimea y en medio de revueltas campesinas contra los terratenientes, se vio forzado a abolir oficialmente en 1861 el régimen de servidumbre, que ataba a los campesinos a los terratenientes (ukase: Decreto de emancipación). Esta servidumbre era una pervivencia del régimen feudal, que ataba al campesinado a la tierra por lazos jurídicos (en dos categorías, por un lado los siervos estatales y eclesiásticos y, por otro, los siervos dependientes de la nobleza). La situación de los campesinos, no obstante y a pesar de que teóricamente eran “libres”, siguió siendo parecida y dependiente de la clase terrateniente y de sus arbitrariedades…

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DE LA REIVINDICACIÓN DE LO NUEVO, A LO PATÉTICAMENTE VIEJO.

El “caso Espinar” ha puesto de manifiesto, muy gráficamente, el rápido envejecimiento del proyecto político de PODEMOS. Al menos sobre lo que decían venir a representar. No olvidemos que una parte central de su discurso transversal gravitaba sobre la regeneración de la política y el combate contra la corrupción, encarnada en la casta de los políticos viejos. Y son varias las vertientes del asunto: hacia fuera, poniendo en solfa el discurso regenerador y hacia dentro, mostrando como se apuñalan los líderes por persona interpuesta. Nada novedoso pues.

Ramón Espinar, diputado de la CAM y senador por el cupo autonómico, era hace unos años activista y portavoz de Juventud Sin Futuro. No era raro verle, megáfono en mano, reivindicando el acceso de los jóvenes a vivienda digna. Tampoco era fácil sospechar en aquellos tiempos, que siendo un estudiante sin ingresos y un activista concienciado, se dedicara en sus ratos libres a buscar vivienda como inversión. Y digo inversión porque los hechos señalan que obtuvo una sustanciosa plusvalía, de 30.000 euros, poco tiempo después de formalizar la escritura de compra del piso, dos garajes y un trastero.

No parece muy propio de un joven de poco más de veinte años, estudiante, sin nómina ni ingresos conocidos, acometer la compra de un inmueble. Además hay otras circunstancias concurrentes muy extrañas, como la concesión de un crédito hipotecario de 90.000 euros, la obtención del piso a dedo y sin necesidad de participar en el sorteo y disponer de una ayuda familiar (padre, madre y abuela) de 60.000 euros. Sobre la ayuda familiar conviene señalar que su padre, por entonces consejero de Caja Madrid por el PSOE, se dedicaba a afanar 179.000 euros con su tarjeta black, presuntamente, y hoy se sienta en el banquillo de los acusados. Pues bien, la operación de compra-venta se saldó con los 30.000 euros de plusvalía ya señalados.

Ramón Espinar, en la rueda de prensa que ofreció pocas horas después de saltar la noticia, achacó lo sucedido a un error de juventud y negó categóricamente la intención de especular con la vivienda. La perla de sus declaraciones llegó cuando dijo que “no hay beneficio, lo que hay es una diferencia entre el precio de compra y el precio de venta” en una frase que haría las delicias de María Dolores de Cospedal. Terminó diciendo que no pensaba dimitir de sus cargos y que todo formaba parte de una conspiración para perjudicar a su jefe, Pablo Iglesias, en pleno proceso de primarias de PODEMOS en Madrid.

Y en esto último me quiero detener. Los jefes de PODEMOS saltaron a nuestras pantallas de televisión, en horarios estajanovistas, de mañana tarde y noche, clamando contra la casta política, principal responsable de la crisis económica y de la crisis política del “régimen del 78” por sus prácticas corruptas. Sobre ese concepto de “casta” construyeron la base de un discurso político muy básico, que no hacía mención alguna al “capitalismo” ni a la condición periférica y subordinada de nuestro país en el seno de la UE y de la OTAN. Nuestro problema principal era una élite política extractiva constituída en casta esencialmente corrupta. La solución era la lucha implacable contra la corrupción, representada naturalmente por PODEMOS y sus impolutos líderes. Elevaron el tono moral en los discursos políticos en general, aunque con dudoso éxito electoral con relación a las expectativas, pero eso es harina de otro costal.

Por eso es sorprendente, más allá de la entidad de la ñapa de Espinar, la reacción de cierre de filas encabezada por Pablo Iglesias y seguida por el resto de los dirigentes. Tras situar la moralidad personal de su dirigencia tan arriba y diferenciarse de “los partidos del régimen” en la implacable lucha contra la corrupción, lo lógico habría sido pedirle a Espinar que entregara su acta de forma fulminante. Pero no, la reacción ha sido la habitual en los partidos sistémicos, esa secuencia bien conocida de cierre de filas, defensa de la honorabilidad del señalado y denuncia de una conspiración para dañar la imagen del líder y del propio partido. Lo nuevo envejece a toda velocidad. Y no solo en lo referido al discurso para consumo externo, como veremos.

Es muy probable que la explicación a la falta de reflejos de Iglesias y a su reacción convencional de defensa cerrada de Espinar, sea de política interna. Las diferencias en PODEMOS vienen de lejos. Juan Carlos Monedero, fundador, se fue, tras los problemas con su empresa y en abierta batalla personal con Íñigo Errejón. Este, a su vez, está en guerra con Pablo Iglesias, disputándose el liderazgo con él. Y como suele suceder, los problemas personales, agravados por la endogamia del grupo complutense, se superponen a los problemas políticos y a las diferencias de proyecto.

Ramón Espinar es el candidato de Pablo Iglesias para dirigir la organización madrileña de PODEMOS, frente al tándem formado por Rita Maestre y Tania Sánchez, candidatas afines a Íñigo Errejón. El futuro político de PODEMOS y el del propio Pablo Iglesias pasan por el resultado de las primarias de Madrid, que se celebrarán del 5 al 9 de noviembre. No es casual que la noticia de los chalaneos de Espinar haya saltado en las vísperas de esta crucial confrontación.

Sabemos por experiencia que este tipo de noticias no surgen por generación espontánea, son fruto, generalmente, de filtraciones internas interesadas. Y me barrunto que en esta ocasión ha vuelto a suceder. Decía Íñigo Cavero “cuerpo a tierra, que vienen los nuestros”, pues bien, “los nuestros” han atropellado a Espinar y están a punto de hacerlo con Pablo Iglesias. Conociendo a alguna de las protagonistas que está en la disputa, esto tiene un aroma inconfundible a veneno, con la brutalidad seca de una puñalada certera en la cuarta intercostal.

Los seres de luz no eran tales más allá de los almibarados relatos que nos vendían. En PODEMOS vuelan los dossiers, se disparan las ambiciones personales y se apuñalan unos a otros con saña, como oh, sorpresa, en los partidos sistémicos. Aquí se derrumba el mito de una organización de gente corriente que hace política para la gente. Lo que queda es un partido más, con batallas cruentas por los cargos, que no se plantea siquiera invalidar el sistema económico y social, y atravesado por las pasiones y las contradicciones de los demás. Resumiendo, lo nuevo envejece a toda velocidad.